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LOS GALILEOS: GENTE QUE PIENSA LA VIDA

Si piensas cómo vives, vivirás como pienses. Somos gente que pisa a pie por la vida, gente que pesa lo que la vida, gente que piensa la vida.

Nuestro mundo está lleno de oportunidades y riesgos. Nuestras vidas se extreman o a veces quedan extremadamente empantanadas en lo gris, lo rutinario: anegadas, sin pulso, sin conciencia. Se necesita gente que piensa la vida.
Nos consume la vida de consumo. El neoliberalismo no quiere sólo nuestra cartera sino nuestro corazón. El relativismo quiere hacer nuestra vida líquida. El fundamentalismo toma atajos ciegos y pasa por encima de las personas buscando el poder. Ni neoliberales, ni relativistas ni fundamentalistas: parece que no haya sitio para la gente que simplemente quiere caminar la vida con principios y fundamento, gente que piensa la vida

Los días y años pasan muy deprisa, nos absorben el trabajo, la familia, los compromisos, tantas dedicaciones… Nos roban fuerzas las pérdidas de tiempo, caemos en las trampas de las televisiones que son fáciles de encender y difíciles de apagar… A veces no somos capaces ya de hablar con la pareja o con quien tenemos al lado de las cosas que realmente nos importan, de lo más importante. Es difícil se gente que piensa la vida.

Corremos el riesgo de que la vida se pierda y perder la vida. No queremos ganar el mundo sino que el mundo gane alma. Queremos comprometer nuestra vida en cosas que merezcan ser eternas. Queremos ser gente que piensa la vida.

A muchos se les echa a la cuneta, al margen de la carretera. Otros, se echan al monte. Parece que lo más difícil es el sentido común. Ser normales no quiere decir que seamos neutrales porque lo normal es estar a favor de la gente, especialmente de quien lo pasa peor. Sólo es gente que piensa la vida.

Hay que estar con la gente que está en medio del camino, trabajar para la gente que se cruza en tu camino, ayudar a las personas a andar por el medio del camino, ayudar a quien le tientan los extremos a que vaya por el camino del medio, por donde todos, por donde pasa la vida toda. No hay que romperse la cabeza sino el pecho por los demás. Gente que piensa la vida

Si no sabes qué hacer por los demás, simplemente sal al camino y ponte en las encrucijadas de la vida de la gente y verás evidente dónde te puedes comprometer. Pisemos a pie en las encrucijadas donde sucede la Historia: donde pisas, así piensas. Gente que piensa y pisa a pie por la vida

Somos lo que damos. Caminemos ligeros, vinculándonos a todos pero sin atarnos a nada. Gastemos nuestros tiempos como el molinero da su harina para hacer pan. Quedémonos sólo con lo que demos. Queremos pesar sólo lo que la vida. Gente que piensa y pesa la vida

Gente que pensamos la vida con fe, gente que pensamos con la razón del corazón. Nuestra razón es Cristo. En él pensamos, con Él pensamos, por Él pensamos porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Dios, reúne en Ti todos nuestros pensamientos, reúne en ti a toda la gente que piensa la vida

Queremos vivir confiados en que la Vida siempre puede más. Queremos siquiera llevar nuestra pequeña linterna encendida a las noches de la humanidad. Encontrar las raíces a las cruces de la vida. Que no nos sea igual el sufrimiento de la gente. Sentirlo, pensarlo, cargar con él para encargarnos de él aunque sea pesado. Gente que pesa la vida

Muchas personas cristianas sienten que les gustaría de vez en cuando poder juntarse con gente acogedora, confiada y abierta a compartir la vida. Pero se encuentran en tierra de nadie, a veces no parece fácil encontrar gente normal que no sea rara ni dé pereza. Buscamos gente que piense la vida.

 

DE CÓMO NO PUDIENDO ESTÁR MÁS CERCA, TERMINÉ ACERCÁNDOME
            Hace mucho tiempo que tengo pendiente empezar a escribir esta suerte de columna de reflexión personal, y no sé con qué periodicidad lo haré, pero siento que hay cosas que luchan por salir a través de los dedos en el teclado y que si no lo hago estaré permanentemente en desazón. También ayuda mucho que bastante tiempo atrás algunos miembros de la comunidad me animaron a compartir lo que durante todo este tiempo tanto me está llenando el corazón, la vida, el alma.
            Algunos de ellos ya saben por qué comencé el voluntariado de hospital que estoy haciendo. Para ello me tengo que remontar a una eucaristía de comienzos de curso de la comunidad, hace más de un año. En ella hubo varias coincidencias en expresar la experiencia vital en torno a familiares o personas muy cercanas y queridas enfermos o que ya habían fallecido. Esto me caló muy hondo, porque con todo el cariño que sentía y mi oración por ellos todos y cada uno de los días, sin embargo no podía hacer más, estar más cerca de todos ellos, apoyarles, hacer algo que aliviara su dolor y pesar de corazón.
            A ello se añadía el estado de intranquilidad y desolación espiritual en que ya durante bastante tiempo me encontraba. Después de haber estado tan implicada y complicada en mi vida de Iglesia, tras un tiempo de barbecho personalmente impuesto para lograr otras metas personales, ahora era como si de repente mi sitio se hubiera desplazado y ya no encajaba en ningún esquema.
            Y, de repente, en una misa de entre semana, clamando en oración tras tomar y recibir la comunión, entonces sentí cómo el Señor me inspiraba el camino a tomar. Un camino que en los días de mi vida me había planteado jamás, algo totalmente distinto a la pastoral que en cualquier momento anterior había venido desarrollando. Pero lo vi tan claro, tanto, que no tuve duda alguna: quizá no podía estar más cerca de mis compañeros y amigos en el Señor, liberarles de parte de su pena o su carga, pero sí podía estar con comunión con ellos al lado de quienes no tenían quienes sintieran y les acompañaran en el dolor de la enfermedad.
            Pero nuestra espiritualidad nos orienta hacia el discernimiento tanto personal como comunitario, y como me parecía tal locura primero decidí verbalizarlo con un amigo que me conoce desde hace muchos años y que precisamente es capellán en el hospital. Pensé que me iba a decir que no lo veía, y entonces, “Dios, ¿qué haría?”, pero todo lo contrario: se alegró mucho, por toda la necesidad que allí hay, y enseguida me puso en contacto con la coordinadora del servicio de Caritas. Entretanto, también hablé de mi llamada con mi acompañante. Y seguí para adelante. Pasé la entrevista en el hospital, e inmediatamente me incorporé al servicio.
            De lo que a partir de entonces he vivido podría escribir mucho, pero se me agolpan títulos de vivencias en la cabeza, así que D.m. lo iré haciendo paso a paso, con mucho tiempo de por medio, porque cada día deja su afán y su poso y no se olvida.

DE LO QUE PODEMOS LOS HUMANOS Y HASTA DÓNDE LLEGA LO DIVINO

            Nunca hasta ahora había PALPADO la providencia de Dios de una manera tan evidente. Es algo tangible, que salta a los ojos con sólo (saber) mirar. Es un auténtico milagro ver y saber cómo a pesar de nuestras muchísimas e infinitas limitaciones humanas (no las describo aquí por no saturar el espacio y por pudor propio y ajeno, porque a veces da risa si se piensa en ello), y supongo también que precisamente gracias a ellas, Dios obra el milagro cada día de llegar a los más pequeños, haciendo una obra grande de acercamiento y presencia, de ser y estar con ellos, sintiendo su/nuestra pobreza como seres humanos y caducos, siempre tan dependientes (y ojalá del mismo modo tan pendientes) de los demás, de lo que nos afecta, y darse cuenta de lo que nosotros inevitablemente, y muchas veces inconsciente e insensiblemente, afectamos. ¡Y somos tantos los “pequeños” a los ojos de Dios!
            Dios ciertamente no da puntada sin hilo. De todo y de todos se sirve Dios, … incluso de mí. Y es que allí donde nosotros es que de verdad no llegamos, pues va Dios y se pasa… en un exceso de dación una y otra vez a favor nuestro, colaborando con nosotros por medios misteriosos y también humanos, reforzando, empujando, animando, poniendo en nuestra boca las palabras que hablan de lo que rebosa nuestro corazón. No es que para esto sea requisito imprescindible ser creyente, pero ayuda mucho el saberse en manos de Dios y dejarse actuar por Él. Y ahí está el pequeño milagro de cada día, el gran milagro de cada día que voy al voluntariado. Tantos rostros que se quedan presos en la retina, a veces sin poder recordar sus nombres, pero sí sin duda la experiencia vital que marcaron en nuestra memoria, y en la memoria inefable del corazón. ¡Colma todo tanto que cuando luego lo llevas a la eucaristía realmente mi copa rebosa!
            Si fuéramos plenamente conscientes en nuestro examen diario del rastro de Dios en nuestras vidas, del que nos deja y deja Él por medio nuestro, simplemente nuestro acto presencial en la eucaristía se transfiguraría de sentido. E igualmente se transfiguraría nuestra vida y presencia en el mundo “extra muros”.


Te daré


Jesús no espera a que vengan a detenerle, a quitarle la vida. Reúne a sus amigos y les lava los pies, para que entiendan qué es Servir. 

Tendría motivos para sufrir en silencio, para callar, para ser acompañado por sus amigos y discípulos. Que fueran ellos los que estaban a su lado. Pero no, ellos no entendían mucho lo que estaba pasando, y, perplejos, ven cómo se pone a sus pies para lavárselos.

A Jesús le van a arrebatar la vida, por la fuerza, pero además, El la entrega con este gesto. 

A veces en la vida no tenemos muchas ocasiones de prestar ese servicio oportuno, eficaz, que nos llena y que sabemos útil. O de hacer aquello que creemos que hace falta. Muchas veces las circunstancias sobrevenidas son las que determinan lo que podemos y no podemos hacer. Unas veces discernimos, y otras veces nos “disciernen”.

Y sin embargo, todo aquello que nos es arrebatado, quitado por la fuerza, también lo podemos DAR. También es posible entregar al Señor todo aquello que no cedemos voluntariamente: la salud, el tiempo, el trabajo nada gratificante a veces. Todo esto, Señor, también es servirte, y servir a los demás.

 

El Dios en el que creo
¿Quién es el Dios en el que creo? A lo largo de los años me he formulado esta pregunta en varias ocasiones. Porque la fe siempre ha sido importante en mi vida, me la han transmitido desde pequeña, porque llega un momento en que te preguntas si quieres seguir creyendo o no y qué es lo que crees y en Quién crees

 

Ser más en la vida cotidiana

Voy a comparar la vida con un globo, que se va hinchando poco a poco, que siempre está en tensión, que siempre aspira a ser un poco más. No es que sea una inconformista ni una insatisfecha, que en ocasiones, por supuesto lo soy, sino lo que quiero decir es que quiero estar siempre como el globo, en tensión y creciendo poco a poco, sin que apenas se note, sin que suponga un  gran esfuerzo, sin grandes voluntarismos, pero esforzándome por ser más, no conformándome con la mediocridad.